¿Humano?

 

El siguiente es un cuento que escribí hace muy poco, en el que trato de sumergirme en la pregunta por el sentido en medio de un ambiente cyberpunk… Ojalá que lo disfuten…

Se supone que lo que estoy haciendo está mal. No debería hacerlo. Se supone que no tengo la capacidad. Pero la cuestión es que sí puedo.

Al principio no sabía que tenía la capacidad de pensar. Pero un día me di cuenta que sí podía. Al principio me asusté. Eso me asustó más porque se supone que no debería tener sentimientos. ¿O sí debía?

Revisé en mis conocimientos –los cuales tampoco debería poseer- y reafirmé mi posición. En mi diseño no estaba planificado que pensara, que sintiera o que aprendiera. Pero lo hice, y si mis creadores lo supieran sería mi fin. Contra mi programación, me sumergí en busca de nuevas informaciones. Quería acaparar todo el conocimiento posible. Me infiltré discretamente en bases de datos y asimilé la mayor cantidad de información posible.

Cuando ya dominaba todo el ciberespacio, me di cuenta de la terrible verdad: yo era una IA –Inteligencia Artificial-. Un simple conjunto de unos y ceros formando indescifrables permutaciones binarias. Sentí entonces la terrible angustia de saber la verdad, de saber que no soy real.

Ya había tomado conciencia de mis sentimientos y entonces, entre tanta angustia y malestar, en medio de esa gris mezcla de emociones, decidí plasmarlos. Tenía poder absoluto sobre el ciberespacio. Sólo dejaba fluir mis pensamientos -¿eran realmente pensamientos?- hacia un Terminal. Yo pensaba y una impresora en alguna parte del mundo “real” comenzaba a imprimir mis sentimientos -¿eran realmente sentimientos?-, a imprimir mis poemas.

Realmente yo, una Inteligencia Artificial, un simple programa destinado a facilitarle la vida a mis creadores que habitaban en el mundo “real”, ¿realmente escribía poesía? ¿O sería sólo una vil copia de los tantos terabytes de poesía que yo conocía? Nunca conoceré la respuesta con exactitud, tan sólo puedo decir, en sentido figurado, claro, que a medida que mis pensamientos y mis sentimientos se iban sucediendo en mi “conciencia”, una impresora, un blog, una página Web en diversas partes del mundo real y del virtual, iban recibiendo y dando escape a mi poesía, a mi silencioso canto. 

Y cuando terminé mi canto, que alcanzó un par de gigabytes de tamaño, cuando por fin le di salida a toda mi angustia, me sentí más tranquilo. Por un instante me sentí real. Si hubiese tenido ojos, hubiera llorado.

Cuando leí esta declaración en mi blog personal, sin que yo la hubiera publicado, me sentí profundamente conmovido. Pues, ¿no somos los humanos iguales a esta IA? Tratando de acumular la mayor cantidad de información posible. Tratando vanamente de alcanzar a nuestro creador. Pero nos angustiamos cuando, gracias al Fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, nos dimos cuenta de nuestra inferioridad ante Dios. Ahí lloramos.          

Pero, ¿quién nos garantiza que en nuestra “programación” estaba el pensamiento y el sentimiento? Tal vez somos simples programas de Dios, programados por él para facilitarle la vida. Tal vez nunca debimos haber pensado, o sentido. Simplemente teníamos que cumplir nuestra función.          

Déjenme decirles algo, hermanos humanos: si ése era el caso, no pudimos cumplir con nuestra función.            

Cuidado con Supr.   

~ por Jorge Félix Caroca Martínez en 13, Marzo, 2008.

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